9 abr. 2012

Curiosa relación padres-hijos...¿Ustedes qué opinan?


Se llamaba Mediterráneo, aunque siempre había vivido en un pueblo de los Pirineos; cosa de los padres, que no habían podido conocer el mar. De niño, se prometió a sí mismo que no haría como ellos y que un día vería aquel lejano cielo líquido.
Llegado el momento, Mediterráneo se lanzó a la aventura de cumplir el deseo que sus padres le habían dejado en herencia: subió y bajó montañas, atravesó campos, cruzó ríos, siguió miles de caminos… hasta que un olor diferente en el aire le indicó que el sueño estaba cerca.
Cuando llegó a la playa, cayó de rodillas, agotado. Cogió un puñado de arena, y se le escabulló por entre los dedos. De la misma forma, se le escaparon las lágrimas de los ojos.
Un minuto después, alguien hizo exactamente lo mismo a su lado. Cuando la emoción le permitió hablar, el recién llegado le preguntó:
-¿Cómo te llamas?
-Mediterráneo, ¿y tú?
-Cantábrico…
Mediterráneo lo miró con verdadera lástima.
-…Pero paso de seguir mi viaje –prosiguió Cantábrico-. Me quedo aquí. Estoy reventado, tú.
-Los padres a veces pueden llegar a ser muy crueles –sentenció Mediterráneo.
-Tienes razón –reconoció Cantábrico.
Los dos permanecieron sentados en silencio, arrullados por el murmullo de las olas rotas, mientras se acordaban de sus respectivos padres.