6 feb 2012

Desde que he leído esta historieta, no me atrevo a salir al jardín... ¿Qué opinan ustedes?


Cuando el anciano señor Bonifacio salió de buena mañana a regar los geranios que malvivían en su mísero balcón urbano, no esperaba encontrar unos sorprendentes huevecillos azules aposentados sobre la tierra de las macetas. Lo que menos se imaginó entonces es que a mediodía sólo iban a quedar las cáscaras vacías. Y tampoco suponía que a la ambigua hora del crepúsculo, las plantas desaparecerían, arrancadas de cuajo.
Pero con la llegada de la noche, un funesto presentimiento se apoderó de su alma: el anciano señor Bonifacio ya sabía con dócil resignación que se convertiría sin duda alguna en el plato principal de una perversa cena.

29 ene 2012

Aun dentro de mi decadencia, esta historia me hizo sonreír...¿Qué opinan ustedes?

-¡Eh, vejete, dame la pasta o te mato!
El quebradizo anciano que acababa de salir del banco se giró y miró con gesto hastiado al amenazador ratero. De repente, y antes de que el atacante pudiera reaccionar, la víctima en potencia le propinó un bastonazo en la cabeza tan fuerte que lo tiró al suelo, circunstancia aprovechada a continuación para rematar la jugada con una patada tan dolorosa como humillante.
Cuando el caco se recuperó levemente del sorpresivo ataque de la que se suponía que era su presa, estaba furioso; ya no quería su dinero, sino su sangre. Sacó una pistola, apuntó  y disparó dos veces a esa espalda encorvada que intentaba escapar. Al recibir los impactos, el anciano se tambaleó y quedó arrodillado en medio de la callejuela.
El agresor iba a gritar de júbilo, pero no le dio tiempo: el anciano se acababa de incorporar y se había despojado con agilidad de gabardina y pantalones. Como única vestimenta, una especie de pijama azul ceñido a su marchito cuerpo, con una enorme S mayúscula de centelleante color rojo en el centro de su pecho.
Las últimas palabras grabadas en el cerebro del delincuente antes de ser despiadadamente lanzado por los aires y aterrizar a las puertas de una comisaría, fueron la recomendación del anciano: “La próxima vez que me ataques, prueba con la kriptonita, majadero”.

23 ene 2012

Reconozco que el final de esta historia me ha hecho arquear una ceja...¿Qué opinan ustedes?

-…Tengo algo para ti…..A lo mejor piensas que es una tontería, pero creo que lo vas a entender. Quiero pensar que lo vas a entender: 
Siempre he tenido una necesidad irracional por protegerte, por hacerte feliz. Sé que estás pasando por un momento de cambios en tu vida que te están haciendo sufrir, y que hay gente a tu alrededor que te roba la felicidad y el brillo de tus ojos. Es algo que no puedo soportar. Ni consentir.
Se me ha ocurrido algo que espero que entiendas y que sepas apreciar. Para mí se trata de algo simbólico, pero estoy convencido de que si crees en ello, se hará realidad. Como los sueños. De hecho, eso es lo que te ofrezco: un sueño. La posibilidad de eliminar todo lo que de negativo tiene tu vida actual, todo lo que no te gusta y te hace desgraciada.
Lo que te ofrezco es…una goma.
Una goma de borrar.  Sí, lo has oído bien.
¿Que para qué necesitas tú una goma de borrar?
Esta goma de borrar es especial. Tienes que utilizarla cada vez que te encuentres con una persona que te haga desgraciada, que te haga sufrir, que te haga la vida imposible, que te haga pasar malos momentos, que te humille, que ahogue tus sueños, que llene tu vida de basura, que te amargue, que te anule, que no te comprenda, que destroce tus ilusiones… Recuérdalo: en esos momentos en los que te ataquen de alguna manera, no lo dudes ni un momento: saca la goma… y bórralos. Hazlos desaparecer. Cree en mis palabras, y la goma funcionará.
Y acto seguido, ella cogió la goma con toda la fe que podía tener en aquel objeto y en aquel extraño discurso…....y lo borró a él.

18 ene 2012

Curioso cuento, quizás un poco extraño, incluso inquietante…¿Qué opinan ustedes?

Lajos Márai no entendía qué le ocurría a su restaurante. Habían pasado seis meses desde la inauguración, pero los comensales brillaban por su ausencia. ¿Cómo podía ser? Su propuesta gastronómica era variada, atractiva y de presentación exquisita. El local era luminoso, alegre, coqueto y acogedor. Él mismo mostraba una apariencia pulcra y elegante… ¿Por qué entonces no entraba nadie?
El sentido común le reconfortaba, haciendo alusión a la delicada situación económica general pero, consciente de ello, también había puesto especial cuidado en este aspecto y había ajustado los precios al máximo. Aun así, su establecimiento seguía completamente vacío, mientras otros incluso más caros mantenían la fidelidad de sus clientes.
Lajos Márai pasaba así día tras día apostado en la entrada, triste y perplejo, devanándose los sesos para comprender lo incomprensible, pero con el esperanzado anhelo de ver aparecer alguna vez un rostro ansioso por degustar los deliciosos platos de su restaurante “El envenenador impune”.

15 ene 2012

Esta historia me ha hecho recordar con nostalgia los tiempos en que disponía de servicio... ¿Qué opinan ustedes?

A la Paqui le gustaba su trabajo. “Oh, vaya”, os preguntaréis vosotros, “¿qué placer encontrará la Paqui en quitar la mierda ajena?”. Y la Paqui os responderá: “Mira que sois tontos del culo; con la excusa de quitar la mierda de los otros, me cuelo en sus vidas y hurgo en sus alegrías y sus miserias… ¿Os parece poco?”.
Por esta poderosa razón, dio un ordinario chillido de alegría cuando Nino Sánchez-Pinrel le ofreció la limpieza de su flamante chalet. La Paqui estaba como un cascabel de contenta, y no era para menos: le hacía tilín aquel cincuentón que exhibía una distinguida vulgaridad y un deliberado aire decadente… ¡Lo encontraba tan señor…!
Así pues, el día acordado, la Paqui se detuvo puntualmente frente a la majestuosa entrada. Oyó campanas pero, al contrario del dicho, ella sí supo dónde: era el sonoro timbre de la puerta. Esperó prudente, pero nadie acudió a su llamada. Repitió la acción, esta vez con mayor insistencia.
Cuando por fin la puerta se abrió, la Paqui se dio de narices con una situación que de distinguida tenía bien poco: su admirado Nino Sánchez-Pinrel, tan desnudo como aturdido, o viceversa, la observaba con la mirada despeinada. Al fondo, sobre la mullida alfombra del salón, brazos, piernas y cuerpos de ambos sexos yacían placenteramente enredados.
A la Paqui le dio un vuelco el corazón, y no porque estuviera escandalizada; su vecino “el Tirillas” solía montarse unas orgías de órdago con la divorciada del séptimo y sus amigas bingueras, de modo que ya sabía de qué iba la cosa; y sin embargo…
La escena le hizo ver lo equivocado de su planteamiento profesional: la elevada concepción que tenía de sus tareas no había sido otra cosa que una alucinación generada por el aroma de don Limpio Baño, un espejismo sobre los suelos producido por la cera Alex, un falso cosquilleo fruto de la efímera espuma de Mistol Vajillas…
Su trabajo le permitía entrar en las casas de los demás, eso sí… pero no en sus vidas, tal como ella había pensado siempre.
(La imagen ilustrativa bien podría representar los momentos previos a una orgía)